Conoce al japonés que regresó a zona radioactiva para cuidar animales

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Naoto Matsumura (54), un agricultor japonés, regresó a su ciudad natal, ubicada en plena zona radiactiva de Fukushima, para cuidar a los animales que fueron abandonados a su suerte.

japonés

Después del tsunami y posterior explosión de la planta nuclear de Fukushima en 2011, el agricultor abandonó con su familia la localidad de Tomioka, situada a menos de 13 kilómetros de la central nuclear, dejando sus animales atrás.

Tiempo después, Matsumara volvió a la ciudad, explicando que no podía abandonar a los animales de su granja y dejarlos sin alimento ni protección.

Al regresar a Tomioka, donde el nivel de radiactividad es 17 veces superior al límite considerado seguro para la salud humana, se asombró de ver la gran cantidad de mascotas y animales de granja que fueron abandonados por los habitantes.

Matsumura recorrió la ciudad y le proporcionó agua y alimento a muchos perros y gatos que se habían asilvestrado debido a la falta de contacto con humanos.

Actualmente Matsumura cuida de perros, gatos, cerdos, vacas y avestruces que viven en el patio de una escuela de primaria. Como en la ciudad no hay electricidad, se ve obligado a utilizar placas solares para cargar su computadora y su teléfono, y solo va al pueblo habitado más cercano para comprar gas y comida, además de pedir colaboración para su causa.

Matsumura vive en un área donde la radioactividad es mortal, pero no usa trajes aislantes ni guantes. Ha comido carne, verdura y pescado radiactivos y ha bebido agua contaminada. Médicos que lo evaluaron aseguraron que el agricultor no desarrollaría ninguna enfermedad hasta dentro de 30 o 40 años.

Fuente diariocorreo.pe

Artículo publicado por Mariana Morita Mariana Morita ha sido reportera y fotógrafa en Japón desde 2005. Escribe y difunde información importante para los latinos y sigue eventos importantes en la comunidad.
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Hombres son infieles por aburrimiento y no por falta de amor

Publicado em 16 de abril de 2014, em Noticias de Japón
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El psiquiatra y sexólogo argentino Walter Ghedin refiere que es el aburrimiento y no la falta de amor la que lleva al sexo débil a engañar a sus parejas.
Artículo de Walter Gheldin.

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El amor romántico es el resultado de emociones fuertes y placenteras, del apego, de pensamientos e imágenes que completan el imaginario vincular. La sociedad y la cultura modelan la relación de pareja, de tal forma que siempre existirá un contexto mayor que impone normas (“esto se puede, esto no se puede”). Pero, más allá de las pautas que se internalizan, los vínculos amorosos son uniones de dos personas (por lo menos en estos lares de Occidente), cada uno con su historia, sus deseos, sus expectativas y, por qué no, su capacidad para sostener (o transgredir) una de las reglas principales del amor romántico: la fidelidad.

La ciencia se ufana en haber encontrado en los genes algunos indicios de la conducta infiel. Sin embargo, los resultados no la explican, aunque dan algunas pistas para entender la intención del “tramposo”.

Si ponemos en una balanza los múltiples factores que afectan al vínculo amoroso (pérdida de intensidad sexual, rutina, falta de intimidad por la presencia de los hijos, etc.), serán más influyentes que cualquier determinante genético. No obstante, si se combinan estos condicionantes interpersonales con los biológicos la fuerza para la infidelidad tendrá más vigor.

Los típicos argumentos de la infidelidad

Existen argumentos que se repiten en la mayoría de los infieles: “con mi pareja no tenemos el sexo de antes”, “me siento desplazado, los chicos acaparan toda su atención”, “ya no se arregla, perdió el atractivo”, “en la cama siempre hace lo mismo”, “nunca mi marido me hizo sentir una verdadera mujer”, “con él no se puede hablar”, “decirle que la mayoría de los orgasmos son fingidos sería herirlo de muerte”, etc.

Todas estas frases apuntan a la pareja como causal. Aunque muchas veces son meras excusas para justificar el acto desleal, no hay que quitarles importancia. Es cierto que “algo sucede en la pareja”, simplemente porque la convivencia la fustiga permanentemente con las miserias de la cotidianidad y suma la imposibilidad para encontrar salidas positivas.

Las parejas suelen sucumbir frente a la rutina y se resignan hasta que el tiempo, el efecto mágico de un viaje o la psicoterapia de pareja brinde alguna alguna esperanza. En este contexto aparece la figura del amante: como fantasía, como deseo, como realidad.

Personalidades “buscadoras de placer”

Se sabe que más del 90 % de los hombres y el 80 % de las mujeres tienen fantasías sexuales con personas que no son su pareja. La infidelidad es una conducta de autocontrol mediada por pautas sociales, culturales y morales, más que por factores biológicos. No obstante, estudios realizados en la Universidad de Indiana y otras investigaciones publicadas en 2011 en Archives of Sexual Behavior acuerdan y concluyen que las personalidades inquietas, ansiosas y buscadoras de novedades (novelty seeking) son más propensas a las conductas infieles cuando se sienten insatisfechos en su vida marital.

Es posible que estos sujetos (hombres y mujeres) esperen mucho más de la relación de lo que ésta puede brindarle, o bien sienten que la vibración que ellos le imprimen no encuentra eco en el otro.

De estos resultados podemos deducir que hombres y mujeres con niveles altos de excitabilidad requieren que sus parejas estén a su altura en la búsqueda de variantes para mantener la intensidad del vínculo. No me refiero solo a “refrescar” con nuevas acciones la relación sexual, hablo de todo aquello que impida que se instale la monotonía.

Estas personalidades curiosas piden a sus parejas que respeten aquellas actividades personales: deportes, reuniones con amigos, inquietudes artísticas o académicas. Y no son excusas para “hacer la suya”, son objetivos vitales para saciar su intranquilidad de base. Si sus parejas aceptan su modo inquieto y toleran sus excentricidades, también se espera que ellos sean comprensivos y aporten ayuda y armonía al vínculo.

No sería justo que por mantener la relación y evitar la infidelidad, una de las partes de la relación (generalmente la mujer) se haga cargo de responsabilidades que desde el vamos deben ser compartidas.

Con información de Entremujeres (Clarín)

Fuente LaRepublica.pe