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En otro lugar hemos escrito y dicho de que la cultura de un pueblo es como el torrente sanguíneo de nuestro cuerpo. La cultura de un pueblo para decirlo de otra manera, cuando es originaria, del lugar y su raíz se pierde en siglos y milenios de antigüedad , entonces ese pueblo tiene alma y que late y tiene calor y temple y fuerza y orden y disciplina y muchísimo más. Y todo esto lo tiene Japón en este presente. Las tradiciones propias de su cultura no han desaparecido, todo lo contrario, están presentes dentro de la sociedad en el pensamiento y la conducta de sus habitantes en esta era de la modernidad absoluta.

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En este contexto cuando echamos un vistazo al planeta en que vivimos y nos preguntamos como el escritor uruguayo Eduardo Galeano…¿De donde se formó la cultura universal de nuestro mundo?…Inmediatamente la respuesta la encontramos en todo lo que las ciencias sociales ya han establecido, es decir, la cultura del planeta tierra tuvo sus orígenes y sus raíces a partir de contados focos originarios de cultura que se irradiaron por todo el globo a través del tiempo, de siglos y milenios, desde cuando nuestro antecesor, el hombre cazador y recolector vivía huyendo para no ser devorado por el “Esmilodón” ( el tigre de diente de sable).

Y los territorios que en el pasado abarcaron el imperios Inca, los Aztecas y Mayas en México, la India, Mesopotamia, China y dos lugares más, desde esos lugares, se irradió el saber humano y toda su creación material y espiritual. Los científicos sociales lo catalogan como focos originarios que dieron origen a la cultura universal y continúan siéndolo por la densidad histórica cultural presente, viva y lozana en pleno siglo XXI.Por eso cuando aquí en Japón hay que celebrar el día de los niños, la tradición manda y entonces se tienen que izar a unos peces de colores hechos en tela y seda y que llegaron irradiados desde la antiquísima China con toda su mitología y que le dá un significado especial a esta fecha. Es difícil imaginarnos ver un día a este Japón, celebrando el día de los niños en el vacío , es decir, sin ver flameando nada. ¿Nos acostumbraríamos?. La respuesta es un rotundo No sin duda alguna.

La historia nos dice de que los antiguos sacerdotes chinos veían cómo estos peces llamados KOI (carpas), eran los más resistentes en las épocas de sequía, y de que eran capaces de sobrevivir hasta en los pantanos y porque además, siempre estaban nadando río arriba, contra la corriente y sobreponiéndose a las correntadas de lodo y piedra. Este pez hacía gala de suprema perseverancia para enfrentar la adversidad y vencer. Y esta virtud se dice, los sacerdotes chinos lo convirtieron en una simbología y optaron por fabricar a mano la representación de este pez , y luego lo llevarían a las escuelas y empezarían a inculcar esta virtud a los niños para que ellos crezcan fuertes y sean magníficos guerreros y sean perseverantes ante la vida para lograr la victoria. Así este pez se convirtió en un símbolo mitológico incomparable, ya que los sacerdotes chinos creían de que cuando el KOI se perdían nadando río arriba, estos finalmente irían a convertirse en dragones de naturaleza divina.

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Así, toda esta mitología, toda esta tradición, toda esta porción de cultura China llegó a Japón un buen día, hace mas de 2 mil años antes de Jesucristo, y desde entonces , pasó a formar parte del torrente sanguíneo de esta sociedad. Es decir, el KOINOBORI (el Koi flameando), está presente en el día de los niños izado en las partes altas de las casas y edificios. Las representaciones de este pez mitológico flamean en los caminos y puentes y riveras de los ríos, y todo ello no hace sino representar una especie soplo de fuerza de cultura viva y que embellece la vida de este Japón. Y al presente, la historia de este pez es explicada en las escuelas destacándose la necesidad de ser perseverantes como él, y ser ordenados y limpios y leales y muchísimo más, objetivo que al fin y al cabo, se cumple de muchas maneras para beneplácito de los maestros y padres. Incluso en los jardines de infancia y en días previos a la celebración infantil, son los padres quienes se encargan de confeccionar estos peces multicolores en compañía de los niños qué, desde luego, que este hecho les quedará grabado de por vida, garantizándose así de que esta tradición no morirá jamás de los jamases. Esta es la fuerza del Koinobori en el día de los niños aquí en Japón. Sin duda alguna, todo un símbolo mitológico que embelese la vida tan igual como los símbolos y mitologías que seguimos cultivando en nuestros países .

Y qué distinto también, ver a sociedades huérfanas de cultura propia sin tradiciones ni memoria histórica, porque sencillamente son engendros de la expansión colonial europea a partir del siglo XVI. Son sociedades anémicas , es decir, son lugares en donde los niños no tienen una historia que leer ni símbolos que arrear ni nada. Sólo tienen en su inocencia, el ser víctimas de la sociedad consumista de corte “gansteril” que avasalla sus vidas, y que de pronto los hacen buscar un arma real para matar a sus amigos de escuela.Noticias de este tipo parecieran ya no conmover a nadie incluso.

Pero que distinto ¿no?. Qué distinto este Japón y su paz y su tranquilidad y su seguridad y salir en este día y encontrarnos con escenas inmortalizadas en imágenes y que compartimos con todos ustedes. Muchísimo más por decir. (YVÁN RAMÍREZ RODRÍGUEZ, Japón,Mayo 2013).

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