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DSC035321Ocho  en punto de la mañana, en el patio interior de un edificio rascacielos en construcción,  más de un centenar de hombres se encuentran formados en columnas de acuerdo a su especialidad.Están perfectamente uniformados,con la mirada al frente, en absoluto silencio y esperando la primera orden del día. Llevan puesto correctamente el casco , cinturón de seguridad, zapatos  con punta de acero, anteojos, y otros accesorios según su especialidad.Segundos después, se hace presente al frente el estado mayor  o mejor dicho, el mando responsable de la obra, y se da inicio entonces al “chorei”( el planeamiento del trabajo del día).Esto comienza con unos ejercicios de calentamiento físico al son de la música “taiso”,y dura apenas unos minutos, y luego, un mando subalterno sale al frente y saluda al batallón y se da inicio a este ritual casi militar. Apertura la reunión con un comentario general, y después, se pide a todos los presentes a que se reporten.
Así sucede, cada columna formada tiene un representante que saldrá a exponer en un minuto, todo cuanto su escuadra desarrollará en el día, informando también  el número de operarios programados.Pasado esta presentación, toca el turno al “kantoku”( el  responsable  general o mayor ), informar al detalle, fase por fase, sobre el desarrollo en que se encuentra la edificación de acuerdo al calendario, que incluye también, la evaluación del tiempo en el día y sus implicancias en la seguridad del conjunto.

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Los días de lluvia o  en la época de los “tayfus”, son de extremo cuidado y se recalca una y otra vez el cumplimiento estricto de las reglas de seguridad.Mientras este informe acontece y todo el mundo escucha en absoluto silencio, los subalternos del kantoku pasan minuciosa revista al conjunto del batallón, columna por columna, y uno por uno.Todo tiene que estar en perfecto orden. A nadie tiene porqué faltarle nada. Eso está sobreentendido,todo el mundo lo sabe, pero si algo anormal divisara el subalterno, ello constituiría indisciplina y se sancionará en el acto, con la expulsión de la obra de parte del infractor , así como una severa llamada de atención a su responsable. Esta ley está escrita en el reglamento y se cumple como tal, con la mas absoluta naturalidad de los presentes.

El orden, la disciplina y la seguridad son parte de la vida de los japoneses y todo esto , viene desde su tradición cultural, del cultivo de sus valores morales, y desde la misma escuela donde desde niños son formados. La primera vez que tuvimos la oportunidad de vivir esta experiencia ya hace muchísimos años, nos pareció como si hubiésemos vuelto a un cuartel militar a cumplir con nuestro servicio obligatorio.

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Y así continuando, llega el turno entonces a los que se incorporan a la obra por primera vez, es decir los nuevos trabajadores. Estos son llamados a salir al frente, uno por uno, a paso ligero, y para en voz alta, dar el nombre de su compañia y el suyo y con la venia conocida, el “ojigi” o saludo japonés,para  terminar diciendo con firmeza y voz alta : ¡¡YOROSHIKU ONEGAISHIMASU!! (¡¡mucho gusto en conocerlos!!).Y cuando esto se deja escuchar, los presentes responden con un aplauso cortísimo de bienvenida.

Finalmente, un subalterno del kantoku se emplaza al pie de un panel o letrero en donde están escritos consignas alusivas a la disciplina, la seguridad y el orden, y procede a leer a voz en cuello, uno a uno, las reglas a cumplirse, y todos tienen que repetir al mismo tiempo y con marcial voz, la agitación de estas leyes. Luego,lo último que se escucha de este acto es cuando el KANTOKU, levantando el brazo y haciendo puño agita la orden final ¡¡KYO MO ICHI NICHI …GAMBARU!!.(hoy también haremos un buén trabajo)….¡¡¡GAMBARU!! ( ¡¡así lo haremos!!), responde a un solo son la multitud en pleno.
Luego, cada columna se dirige a su lugar de operación, o mejor dicho, a su puesto de labor en donde, con una reunión corta, se ultiman los detalles del trabajo del día.

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El control del cumplimiento estricto de las reglas de seguridad se hacen con carteles  colocados en lugares estratégicos, cámaras ocultas de video en construcciones gigantes como es el caso de los rascacielos en Tokyo, Osaka, y en cualquier lugar de este país. Nadie puede transitar por algún lugar prohibido en la altura. Nadie puede tener la osadia de estar siquiera unos segundos sin el casco de seguridad (anzen herumeto),  y estar caminando por lugares en donde operan las máquinas pesadas como las grúas. No llevar  correctamente el distintivo o fotochek, no tener puesto correctamente el cinturón de seguridad, o estar hablando utilizando un celular en una zona prohibida, es motivo suficiente para ser sancionado.

Todo esto sucede cada mañana, durante quince minutos o más, dentro del perímetro de una obra cualquiera que se eleva al cielo, se desplaza en la superficie, o se abre camino debajo del subsuelo.

Sólo aquí en Japón se aplica esta disciplina de manera vertical en el trabajo, ya que se valora la vida por sobre todas las cosas.Y tiene que ser así de vertical, no podría ser de otra manera.Y si de soñar se trata respecto de nuestros paises, esta verticalidad japonesa tendría también que hacerse efectiva dentro de esas medidas diversas a implementarse, para terminar para siempre con el desorden, la inmoralidad, el robo y la corrupción dentro del poder, y mil enfermedades más que aquejan a nuestro pueblo en donde nacimos.

Muchos – entre sociólogos y antropólogos-, que han viajado casi por todo el mundo y han visto cómo se trabaja en cada lugar y llegan a este país, señalan de que  sólo en aquí en Japón, ocurre todo esto tan ejemplarizador que acabamos de describir. Al final, estos estudiosos se van tremendamente asombrados y convencidos de cómo funciona un país cuando cultiva una disciplina así. Disciplina, que en nuestro caso, como parte de nuestro trabajo, lo vivimos a diario y por lo tanto, hacen que nuestras tesis y conclusiones sean contundentes e irrebatibles. En otras palabras, se trata de toda una riqueza cultural que estamos asimilando y aquilatando y dándole el valor agregado, y porque de lo que se trata es,  el cómo hacemos apología de esta disciplina japonesa en perspectiva de corregir todo eso que está ” al revés” allá en nuestros pueblos.

Y esta apología de la disciplina japonesa también alcanza, es una necesidad, aunque parezca increíble decirlo, a nuestra misma colonia establecida aquí, que continua haciendo “gala” de la indisciplina y la irresponsabilidad. No respetar las reglas de este país equivale a “automutilarnos” , y volvernos unos seres resentidos para con este pueblo. Cuesta creerlo, pero muchos de estos compatriotas se hacen “víctimas” de este país sin darse cuenta, que son ellos mismos los que se ponen en el cuello la “soguilla” o cordón que atormentará su vida. Nadie, absolutamente nadie, podrá quejarse de que aquí, los extranjeros  no tienen todo “servido” o puesto para poder progresar. Este país nos brinda todas sus puertas para poder hacerlo, pero tenemos que asumir la disciplina de ellos en nuestra vida.

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UNA CURIOSA VISITA

Precisamente hoy hemos traído como invitado a nuestra gemba, como si fuese un operario nuevo, un “minerai” o aprendiz dentro de nuestro grupo, a un compatriota que está de paso por este archipiélago. Se trata de Ernesto Rosado, un estudiante en vias de graduarse allá en el Perú, y que viene trabajando una tesis dentro de su especialidad de Economía. Arribó junto a un grupo de estudiantes graduandos e invitados por una ONG japonesa. Desde que lo conocimos estuvo sumamente interesado en ver con sus propios ojos todo lo arriba descrito, y entonces decidimos inesperadamente, a manera de un “presento” (obsequio), traerlo hoy con nosotros para que viva por unos minutos este rito sagrado del trabajo aquí en estas islas. No estaba en su agenda, no lo podía creer cuando anoche le comunicamos de nuestra decisión. Después de todo, ahora le quedan sólo tres días para  despedirse, quién sabe si hasta nunca más. Así transcurrió la mañana y ocurrio tal como lo esperábamos. Logramos nuestro propósito.

Ahora Ernesto Rosado se siente un afortunado. Nos dice de que lo más espectacular después del tren bala en donde viajó, es todo este rito que ha presenciado y vivido esta mañana. Ahora estamos en un brevísimo descanso, y nuestro invitado, aún no sale de su asombro observando dentro del interior de esta oficina, de cómo, desde el año pasado, está colocado sobre la pared y en una parte alta, una hoja de papel y en donde se lee, el lugar en donde se encontró una colilla de tabaco dentro del interior de esta gemba. Fueron los supervisores los descubridores de esta gravísima falta, y tanto así, que pegaron en el papel el cuerpo del delito, es decir, el resto del tabaco.

Al realizar una indagación de esto hemos podido saber de que en efecto, a un trabajador se le cayó sin que lo percatara, desde su cartuchera personal de colillas de tabaco , este filtro ,que motivó una sumaria investigación hasta dar con el autor irresponsable. Y luego, aquel descuido fatal originó un castigo severo: fué expulsado por dos días de este centro de trabajo. Ernesto me escucha casi estupefacto y rompe su silencio.  “Este es un cuartel militar”, acota terminante, y me pide lo registre con mi cámara para llevárselo como prueba de lo que está viendo y contarlo cuando retorne. Le parece increíble saber hasta donde puede llegar el sentido del orden y la disciplina, está fascinado, lo aplaude y aprueba y se motiva y entonces sueña por un instante y me dice muy convicto y confeso: ” Con esta disciplina, si mañana me eligieran presidente del Perú, yo te lo cambio todo, todo…Yo te extirpo esa parte podrida desde la raíz, y te curo y te recupero y te sano nuestro Perú”, me reitera y lo aplaudo brevísimo y nos fundimos en un abrazo. Así sellamos nuestra amistad y  despedida.

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Tenemos que salir para embarcarlo en un taxi que lo lleve hasta la estación del tren. Hoy Ernesto ha vivido una experiencia inolvidable, la más brillante de su paso por este país sin duda alguna.”He leído las historia de los Samurai y de los Kamikaze y todos los de adentro son como sus descendientes para mí”, me reitera antes de abordar el vehículo, y prometiéndome escribirme acerca de su ensayo que hará como testimonio de su memorable visita por esta tierra del Sol Naciente. Así Ernesto, “el minerai” de esta mañana, se nos pierde en el horizonte y es hora de regresar a ocupar nuestro puesto. El sueño de Ernesto es el sueño de millones en este mundo con seguridad.

 

En el reporte para el mundo entero desde Kansai,Japón: Yván Ramírez Rodríguez.

Ocho  en punto de la mañana, en el patio interior de un edificio rascacielo en construcción,  más de un centenar de hombres se encuentran formados en columnas de acuerdo a su especialidad.Están perfectamente uniformados,con la mirada al frente, en absoluto silencio y esperando la primera orden del día. LLevan puesto correctamente el casco , cinturón de seguridad, zapatos  con punta de acero, anteojos, y otros accesorios según su especialidad.Segundos después, se hace presente al frente el estado mayor  o mejor dicho, el mando responsable de la obra, y se dá inicio entonces al “chorei”( el planeamiento del trabajo del día).Esto comienza con unos ejercicios de calentamiento físico al son de la música “taiso”,y dura apenas unos minutos, y luego, un mando subalterno sale al frente y saluda al batallón y se dá inicio a este ritual casi militar. Apertura la reunión con un comentario general, y después, se pide a todos los presentes a que se reporten.

Así sucede, cada columna formada tiene un representante que saldrá a exponer en un minuto, todo cuanto su escuadra desarrollará en el día, informando también  el número de operarios programados.Pasado esta presentación, toca el turno al “kantoku”( el  responsable  general o mayor ), informar al detalle, fase por fase, sobre el desarrollo en que se encuentra la edificación de acuerdo al calendario, que incluye también, la evaluación del tiempo en el día y sus implicancias en la seguridad del conjunto.

Los dias de lluvia o  en la época de los “tayfus”, son de extremo cuidado y se recalca una y otra vez el cumplimiento estricto de las reglas de seguridad.Mientras este informe acontece y todo el mundo escucha en absoluto silencio, los subalternos del kantoku pasan minuciosa revista al conjunto del batallón, columna por columna, y uno por uno.Todo tiene que estar en perfecto orden. A nadie tiene porqué faltarle nada. Eso está sobreentendido,todo el mundo lo sabe, pero si algo anormal divisara el subalterno, ello constituiría indisciplina y se sancionará en el acto, con la expulsión de la obra de parte del infractor , así como una severa llamada de atención a su responsable. Esta ley está escrita en el reglamento y se cumple como tal, con la mas absoluta naturalidad de los presentes.
El orden, la disciplina y la seguridad son parte de la vida de los japoneses y todo esto , viene desde su tradición cultural, del cultivo de sus valores morales, y desde la misma escuela donde desde niños son formados. La primera vez que tuvimos la oportunidad de vivir esta experiencia ya hace muchísimos años, nos pareció como si hubiésemos vuelto a un cuartel militar a cumplir con nuestro servicio obligatorio.

Y así continuando, llega el turno entonces a los que se incorporan a la obra por primera vez, es decir los nuevos trabajadores. Estos son llamados a salir al frente, uno por uno, a paso ligero, y para en voz alta, dar el nombre de su compañia y el suyo y con la venia conocida, el “ojigi” o saludo japonés,para  terminar diciendo con firmeza y voz alta : ¡¡YOROSHIKU ONEGAISHIMASU!! (¡¡mucho gusto en conocerlos!!).Y cuando esto se deja escuchar, los presentes responden con un aplauso cortísimo de bienvenida.

Finalmente, un subalterno del kantoku se emplaza al pie de un panel o letrero en donde están escritos consignas alusivas a la disciplina, la seguridad y el orden, y procede a leer a voz en cuello, uno a uno, las reglas a cumplirse, y todos tienen que repetir al mismo tiempo y con marcial voz, la agitación de estas leyes. Luego,lo último que se escucha de este acto es cuando el KANTOKU, levantando el brazo y haciendo puño agita la orden final ¡¡KYO MO ICHI NICHI …GAMBARU!!.(hoy también haremos un buén trabajo)….¡¡¡GAMBARU!! ( ¡¡así lo haremos!!), responde a un solo son la multitud en pleno.
Luego, cada columna se dirige a su lugar de operación, o mejor dicho, a su puesto de labor en donde, con una reunión corta, se ultiman los detalles del trabajo del día.

El control del cumplimiento estricto de las reglas de seguridad se hacen con carteles  colocados en lugares estratégicos, cámaras ocultas de video en construcciones gigantes como es el caso de los rascacielos en Tokyo, Osaka, y en cualquier lugar de este país. Nadie puede transitar por algún lugar prohibido en la altura. Nadie puede tener la osadia de estar siquiera unos segundos sin el casco de seguridad (anzen herumeto),  y estar caminando por lugares en donde operan las máquinas pesadas como las grúas. No llevar  correctamente el distintivo o fotochek, no tener puesto correctamente el cinturón de seguridad, ó, estar hablando utilizando un celular en una zona prohibida, es motivo suficiente para ser sancionado.
Todo esto sucede cada mañana, durante quince minutos o más, dentro del perímetro de una obra cualquiera que se eleva al cielo, se desplaza en la superficie, o se abre camino debajo del subsuelo.


Sólo aquí en Japón se aplica esta disciplina de manera vertical en el trabajo, ya que se valora la vida por sobre todas las cosas.Y tiene que ser así de vertical, no podría ser de otra manera.Y si de soñar se trata respecto de nuestros paises, esta verticalidad japonesa tendría también que hacerse efectiva dentro de esas medidas diversas a implementarse, para terminar para siempre con el desorden, la inmoralidad, el robo y la corrupción dentro del poder, y mil enfermedades más que aquejan a nuestro pueblo en donde nacimos.

Muchos – entre sociólogos y antropólogos-, que han viajado casi por todo el mundo y han visto cómo se trabaja en cada lugar y llegan a este país, señalan de que  sólo en aquí en Japón, ocurre todo esto tan ejemplarizador que acabamos de describir. Al final, estos estudiosos se van tremendamente asombrados y convencidos de cómo funciona un país cuando cultiva una disciplina así. Disciplina, que en nuestro caso, como parte de nuestro trabajo, lo vivimos a diario y por lo tanto, hacen que nuestras tesis y conclusiones sean contundentes e irrebatibles. En otras palabras, se trata de toda una riqueza cultural que estamos asimilando y aquilatando y dándole el valor agregado, y porque de lo que se trata es,  el cómo hacemos apología de esta disciplina japonesa en perspectiva de corregir todo eso que está ” al revés” allá en nuestros pueblos. Y esta apología de la disciplina japonesa también alcanza, es una necesidad, aunque aprezca increible decirlo, a nuestra misma colonia establecida aquí, que continua haciendo “gala” de la indisciplina y la irresponsabilidad. No respetar las reglas de este país equivale a “automutilarnos” en vida, y volvernos unos seres resentidos para con este pueblo. Cuesta creerlo, pero muchos de estos compatriotas se hacen “víctimas” de este país sin darse cuenta, que son ellos mismos los que se ponen en el cuello la “soguilla” o cordón que los autoflajela en vida. Nadie, absolutamente nadie, podrá quejarse de que aquí,los extranjeros  no tienen todo “servido” o puesto para poder progresar.Este país nos brinda todas sus puertas para poder hacerlo, pero tenemos que asumir la disciplina de ellos en nuestra vida.

 

UNA VISITA INESPERADA

Precisamente hoy hemos traído como invitado a nuestra gemba, como si fuese un operario nuevo, un “minerai” o aprendiz dentro de nuestro grupo, a un compatriota que está de paso por este archipiélago. Se trata de Ernesto Rosado, un estudiante en vias de graduarse allá en el Perú, y que viene trabajando una tesis dentro de su especialidad de Economía. Arribó junto a un grupo de estudiantes graduandos e invitados por una ONG japonesa. Desde que lo conocimos estuvo sumamente interesado en ver con sus propios ojos todo lo arriba descrito, y entonces decidimos inesperadamente, a manera de un “presento” (obsequio), traerlo hoy con nosotros para que viva por unos minutos este rito sagrado del trabajo aquí en estas islas. No estaba en su agenda, no lo podía creer cuando anoche le comunicamos de nuestra decisión. Después de todo, ahora le quedan sólo tres días para  despedirse, quién sabe si hasta nunca más. Así transcurrió la mañana y ocurrio tal como lo esperábamos. Logramos nuestro propósito.
Ahora Ernesto Rosado se siente un afortunado. Nos dice de que lo más espectacular después del tren bala en donde viajó, es todo este rito que ha presenciado y vivido esta mañana. Ahora estamos en un brevísimo descanso, y nuestro invitado, aún no sale de su asombro observando dentro del interior de esta oficina, de cómo, desde el año pasado, está colocado sobre la pared y en una parte alta, una hoja de papel y en donde se lee, el lugar en donde se encontró una colilla de tabaco dentro del interior de esta gemba. Fueron los supervisores los descubridores de esta gravísima falta,y tanto así, que pegaron en el papel, el cuerpo del delito, es decir, el resto material.
Al realizar una indagación de esto hemos podido saber de que en efecto, a un trabajador se le cayó sin que lo percatara – desde su cartuchera personal de colillas de tabaco- , este filtro que motivó una sumaria investigación hasta dar con el autor irresponsable. Y luego, aquel descuido fatal originó un castigo severo: fué expulsado por dos días de este centro de trabajo. Ernesto me escucha casi estupefacto y rompe su silencio.  “Este es un cuartel militar “, acota terminante, y me pide lo registre con mi cámara para llevárselo como prueba de lo que está viendo y contarlo cuando retorne. Le parece increíble saber hasta donde puede llegar el sentido del orden y la disciplina, está fascinado y lo aplaude y aprueba y se motiva y entonces sueña por un instante y me dice muy convicto y confeso: ” Con esta disciplina, si mañana me eligieran presidente del Perú, yo te lo cambio todo, todo…Yo te extirpo esa parte podrida desde la raíz, y te curo y te recupero y te sano nuestro Perú”, me reitera y lo aplaudo brevísimo y nos fundimos en un abrazo. Así sellamos nuestra amistad y  despedida.
Tenemos que salir para embarcarlo en un taxi que lo lleve hasta la estación del tren. Hoy Ernesto ha vivido una experiencia inolvidable, la más brillante de su paso por este país sin duda alguna.”He leido las historia de los samurais y de las kamikazes y todos los de adentro son como sus descendientes para mí”, me reitera antes de abordar el vehículo, y prometiéndome escribirme acerca de su ensayo que hará como testimonio de su memorable visita por esta tierra del Sol Naciente. Así Ernesto, “el minerai” de esta mañana, se nos pierde en el horizonte y es hora de regresar a ocupar nuestro puesto.El sueño de Ernesto es el sueño de millones en este mundo con seguridad.

En el reporte para el mundo entero desde Kansai,Japón: Yván Ramírez Rodríguez.

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