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DSC099831ivan1Domingo muy temprano, es nuestro día sagrado de descanso, un extraño sonido me despierta y veo mi reloj y me siento el más feliz del mundo: “todavía son las cinco, las cinco…, las cinc.., las  cin…la  c…l….zzzzzzz…zzzzz…zzzz…”, me pierdo en el obscuro infinito  de mi sueño y ya no me acuerdo. Sin embargo, he olvidado de apagar mi celular la noche anterior, y allí empieza el descalabro. Este suena violentamente y hace trizas mi sueño y se esfuma mi felicidad cuando contesto y escucho a mi asistente decirme: ¡Hoy te toca por favor allá en Osaka, traé lo más espectacular, nada más…”, me reitera y me recuerda de que él, se va hacia Nagoya a cubrir un evento latino y me dice de que volverá muy de noche.

El día sagrado empieza ya su cuenta regresiva para mí y para cualquiera con seguridad en este  país. Quién no lo sabe, un domingo es tan pero tan corto, así de sencillo.
Es imposible regresar a mi sueño, todo está perdido, regreso a mi butaca y enciendo el computador para avanzar un poco un poco más, un tema pendiente con un periódico digital y que ya debí terminar hace días. Ni bién me he sentado y cuando menos lo espero, las manecillas del reloj han dado varias vueltas y me dicen ahora de que son, las once de la mañana. De la butaca doy un paso al “ofuro” para un baño, y de allí, a la cocina por un poco de café. No hay tiempo. Es invierno y mientras tomo el amargo trago, se me viene a la memoria un plato de carey que alguna vez comí, no se dónde, pero fué en un invierno y recuerdo que me calentó todo el alma por su sabor espectacular, por lo picante y sabroso que era y que nunca pude olvidar. Desde esa vez creo no hubo algo parecido en cuestión de comida deliciosa.

Salgo veloz, y ahora en el tren trato de adivinar si estarán los países de la India en este festival gastronómico. “Sí, de hecho, de hecho…, y también los turcos y su carne asada y presentada a manera de un cono como lo vi alguna vez, creo que en Kobe..ojalá , ojalá…”, estoy divagando conmigo mismo cuando el tren anuncia de que es mi estación señalada y salto. Camino una cuadra y ya tengo la dirección en que debo seguir. Una muchedumbre se apura para llegar al edificio sede del encuentro o festival internacional. Doce del día marca mi reloj, aquí sólo estaré un par de horas y de allí tengo que volar a otro lugar.Camino mientras preparo mi cámara e inesperadamente, un aroma a carne asada llega a mi sentido y miro de que se trata.Es un japonés, un tanto soñoliento, que ha pasado por mi frente saboreando una pierna de pollo asado.Es un poco extraño, debe vivir cerca para no llevar nada más en las manos.Luego, unos diez metros más, y yá estoy en el edén de la comida. Un mar humano abarrota el lugar,y hay colas de hombres y mujeres que esperan ser atendidos. Por mi olfato entonces, una ráfaga del viento helado que está soplando, de pronto a arrastrado una mixtura de sabores que me hacen perder la ilación y enervan mis glándulas gustativas. Siento un leve mareo, necesito echarlo algo al estómago, pero como siempre sucede, eso será después de haber terminado este trabajo. Doy vueltas por todos lados, el tiempo juega en mi contra y tengo que empezar y debo zambullirme ya.

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Así sucede, cámara en mano entonces, me abro paso entre la cola diciendo con extrema cortesía y sonriéndole a todo el mundo: “perdón… perdón…soy periodista y quiero el recuerdo mas lindo de hoy, solo de hoy por favor”. La gente escucha y celebra mi particular presentación, y al instante, como enviadas por el conejo -que está en su año-, tres damas japonesas aparecen ante mí y me ahorran tiempo . Ellas están haciendo su cola en el stand del país  de Sir Lanka y ahora serán mis entrevistadas. “Hemos venido desde Fukuoka Ken ayer por la noche”, me contesta Shiho San, y me quedo asombrado e insisto  ¿Y sólo para comer este delicioso plato de carey?, le pregunto. “Bueno, es así, para probar de todo…el chiken carey es muy delicioso”, responde y tengo que dejarlas en paz para que saboreen el plato que los ha hecho venir desde bien del sur. “Y en un rato más estamos de regreso”, me dice Shiho San como despidiéndose .

“¡Qué disciplina por diós para los antojos…venir de tan lejos!” se me cruza por la mente, y cuando menos lo esperaban, ya tenía las instantáneas de estas féminas que, conocían muy bién de la comida de la India. Les informo de que publicaré una crónica y saltan felices y no saben si creer o no y me preguntan dónde. Felizmente hay un “meishi” bajo la  manga y entonces  intercambiamos direcciones e-mails para no perder comunicación.

Así sucede, por dónde volteo, sólo veo felicidad de los comensales que tienen en la mano un plato de carey, presentado en diversas formas por los países de la India. Los de Sirlanka en particular, que han atendido a las llegadas de Fukuoka Ken, está felices de su logro una vez más. “Nuestra comida es muy famosa “, me dice uno de ellos mientras lo registro con el lente de mi cámara. Es invierno, está soleando y mirando con lupa el plato más pedido, se trata del Caré con pollo frito en la traducción española. Quiero tomas más reveladoras, busco otra cola, quiero algo nuevo.Un joven japonés aparece frente a mí para preguntarme de que país soy mientras me enseña su rostro pintado en donde se vé la bandera del país de Filipinas, promociona el jugo de mango y cuando lo retrato salta de felicidad. Así de pronto, después de buscar por todo lado, estoy finalmente frente a un gran cono de carne asada. Estoy en el stand de Turquía. La gente espera impaciente y en sus rostros se dibuja la felicidad de la hazaña a lograr: probar una vez más este sándwich turco relleno con carne asada y verduras. Así como la India, los turcos tienen desde hace décadas en este país bién afirmado el prestigio de su culinaria.

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Tengo ante mí al chef turko quien con un elegante cuchillo acaricia la carne asada y abre el apetito a cualquier mirón. Es un maestro para cortar lentamente, lo hace a propósito, a mí difícil que me engañe.La carne cae y se deposita en un plato, luego, esta carne será introducida en un pan de trigo que se abre  a manera de un sándwich en donde se llena verdura -col picada-, mayonesa y otra salsa…¡¡¡y listo !!!…hay que degustarlo.

Quiero preguntar por el nombre  del manjar (sándwich) presentado cuando descubro, por otro lado, a dos damas japonesas saboreando este potaje y se me acercan y adivino de que desean las fotografíe. No me equivoco, ya las tengo en mi camara, y entonces me dicen: “se llama KEBABU”. Igual hecho sucede, preguntan de que país soy, y cuando me escuchan decir que soy del Perú, una de ellas me dice exclama “¡Machu Picchu!”. Ahora el feliz soy yó, doy las gracias y prosigo. Me olvidaba de una cosa, volteo y todavía están y pregunto cómo se llama entonces el cono entero de carne asada. “SHISHIKABABU”, me dice una de ellas. “Me llamo Miyuki y ella es Hana”, agrega e intercambiamos direcciones emails como muestra de amistad y prometiéndoles escribir lo que hoy conversamos.

Así me despido de ellas. Miro mi reloj, sólo hay medio tiempo, de pronto, inesperadamente, un niñito vestido al estilo de un señor shogún me entretiene. Es muy “jalado”. “Su foto puede servirme para un comercial futuro no sé”, se me cruza por la cabeza maliciosamente. No, nada de eso,es una broma, ahora busco un angulo para fotografiarlo pero se me escapa y voy tras él. Al rato, ya en brazos de su papá, me dice de que se llama “RYU” (DRAGON), mientras le digo al padre, de que su hijo puede ser un futuro actor por sus ojos.”Arigatooo…”, me contesta perdiéndose en la multitud.

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Así como en la mañana, las manecillas del reloj daron vueltas y vueltas, ahora nuevamente, la  injusticia de esta máquina se repite contra mí y ya perdí. Tengo que regresar. El día sagrado, el día de descanso, mi día ya fué. No hay para más. Ya no pude ingresar adentro del local, faltó muchísimo para saber de este festival. He conversado con todo el mundo. Hasta estuve creo, frente ha Aladino, el de la lámpara encantada, y sólo pude fotografiarlo. Me crucé con una dama de origen árabe, y le dije en español si sus ojos eran de fantasía, osea de plastico.

Ella no me entendió nada pero me sonrió para el lente de mi cámara y allí quedó. Y pregunté a quién pude, dentro de la muchedumbre, por los platos más deliciosos de este día, y todos, casi todos, me dijeron  solemnemente ” EL KEBABU Y EL CARE (curry) “. Sí, sólo eso. Una vez más me retiraba sin saborear nada. Así es este oficio, siempre falta tiempo para uno. Es el costo.
Ahora es domingo todavía, ya es media noche, y un rato más, terminó de escribir y a dormir para salir temprano a trabajar.

Felizmente, aunque cavezeando, yá tengo el título de esta crónica.Felizmente. Sólo me pica una curiosidad que en algún momento debo dilucidar ¿Podrán estos dos platos o sabores ser más deliciosos que nuestro MAJADITO ? Allí lo dejo.

 

En el reporte: Yván Ramírez Rodríguez.
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