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&nbspCrónica ( Segunda Parte): Crónica ( Segunda Parte): ” EN EL PERU, DIECISIETE AÑOS DESPUES Y LA NAVIDAD EN LOS CERROS”

Visitar mi Perú después de tantísimos años  fué como volver a tener esa de edad de joven.Después de postergar mi retorno a Japón por unos dias más, tuve tiempo de ir a ver a mis amigos de “infancia”. Sólo a algunos de ellos los puede ver, los otros se fueron a la Argentina y otros dos – mis mejores “patas”-, está viviendo hoy en Chile. Ellos, me dijeron sus padres, optaron por nacionalizarse en ese país para asegurar el futuro de sus familias,  y que pronto estarán viajando a este hermano país que nos lleva muchísima ventaja en todo.
En cambio, en mi distrito aquí en Lima, que yo dejé en aquellos años y que lucía rodeado de cerros sin ocupar y por donde nosotros, solíamos escalar en Semana Santa todos los años, hoy estas colinas estan totalmente llenas  de casas hechas mayormente de material rústico. Son gente que fueron llegando año tras año de la Sierra en busca de un porvenir y no tuvieron otro camino que “tomar” los cerros para vivir.
En los alrededores de Lima, fuera de los mercados, no hay un sólo espacio vacío en donde no esté apostado un vendedor ambulante que vende “lo que sea” para poder sobrevivir. Pero una cosa me llamó la atención, y es que los microbuses que yó dejé en esos años, son casi  los mismos. Circulan vomitando ese letal humo negro que lo envenena y negrea todo. Los que gobiernan dicen que Lima es la “ciudad jardín”, pero esto es falso. Lima ha crecido por todos lados pero sigue llena de ese viejísimo parque automotor. Y las mototaxis que abundan parecieran ser “hijas” de esta realidad, ya que viajar en una de estas es tener el medio pasaje para irnos al otro mundo.
Cuando hace un mes llegué , al aeropuerto fueron mi hermano junto a otros tres amigos. Cuando salí y nos enrumbamos a casa no podía salir de mi asombro por los “guardaespaldas” que habían venido.”No es para tanto”, les dije un poco avergonzado, pero ellos empezaron a contarme de cómo había cambiado todo. “Hoy aquí en Lima te secuestran hasta por quinientos soles, al paso”, me dijo Elías, el único de mi época. A él lo reconocí rápidamente al salir del aeropuerto y lo llamé  por su apodo como en esos tiempos. “¡Hola burrito!”, le grité con cariño. Y es que Elías, cuando jugába el fútbol, solía “trotar” como un paquidermo antes de entrar a la marca o quitar la bola al rival.

“Tienes que tener muchísimo cuidado, pero no te preocupes, todo lo que haz visto del Perú por la televisión allá en Japón es cierto, no lo tomes a broma, pero te cuidaremos”, siguió  contándome Elías, mientras mi hermano, aceleraba el vehículo después de salir de la vía expresa.
Íbamos bromeando y riendo a carcajadas y recordando de todo en medio de mi alegría cuando de pronto, a los lejos y detrás de nosotros, apareció un vehículo policial que empezó a hacer sonar su bocina. Venía a toda velocidad. Yo pensé de que estábamos en falta por algo,  pero cuando nos cerró el paso y bajaron cuatro policias que se abrieron en abanico por ambos lados de nuestro carro apuntándonos con sus ametralladoras lo comprendí todo. Nos hicieron bajar con las manos arriba, revisaron todo y cuando chequearon nuestros documentos personales,  y vieron mi pasaporte y mi fecha y hora de llegada y del motivo de nuestro recorrido, nos dejaron seguir. Yo sentí miedo cuando me apuntaban, parecía se les iba a escapar un tiro. Los policías estaban nerviosos, habian pensado de que éramos una banda de secuestradores de alto vuelo, y a uno de ellos lo ví temblando. ” No te asustes, esto es cosa de cada día”, me susurró mi hermano.” Y es que ahora hay unos delincuentes llamados ” los marcas” y son los más sanguinarios .No creen en nadie, no necesitan ponerse capuchas, no le temen a las cámaras y ser identificados después. Matan y saben que si son capturados, los jueces los liberan al dia siguiente.Esta es la ley que impera aquí… “, continuó explicándome Elías.
Éso fué la nota de película y especial que precedió a  mi llegada por mi barrio. Sin embargo, al ingresar empezaría otra. Hoy casi todas las calles tienen portones y cada propietario tiene su llave . Y la finalidad es que durante las noches o en el día, no puedan ingresar los ladrones con carros para ingresar a la casa señalada con anticipación. Son bandas que tienen mapeado todos los distritos. Las casas son marcadas , son señalizadas por los ladrones antes de llegar a robar. Cuando yo salí del Perú no había nada de todo esto.Nada. En este Perú de hoy se producen 70 robos de viviendas por día y 100 asaltos a las personas de la calle a manos de la delincuencia. Y de los robos de vehículos por día ni hablar, las cifras pasan del centenar. Te roban al auto y a los pocos minutos te están llamando a tu casa para decirte, de parte del misma banda: “Yo sé donde está tu carro, págame mil dolares ahora y te llevo para que lo recuperes…te doy plazo hasta las seis de la tarde”.
Era cierto de las noticias que veía cada noche desde el paraíso de la tranquilidad allá en Japón donde vivo. Las bandas de extorsionadores  y  de los sicarios son los que ponen esa otra “ley”. Que una mañana aparezca el cadáver de una persona  en una esquina.” ya no significa nada, es parte del paisaje de la ciudad”, escuché decir a un psicólogo por la radio. Cuando yo salí de este mi Perú en ese tiempo, no había en absoluto nada de toda esta pesadilla. Me pregunto ¿Quienes permitieron que toda esta lacra delictiva surja y tome cuerpo y se apoderen de nuestras vidas ?  ¿Es que acaso en mis diecisiete años de ausencia no hubo gobierno alguno ni ley?. Nó. Todo esto es fruto del desgobierno y otra no es la explicación. Entonces puedo preguntarme ahora como terminando una conferencia y respondiéndome yo mismo: ¿ El Perú a retrocedido o se ha adelantado porque la ley funciona y se puede vivir mejor que antes?. Hemos retrocedido  a la edad de piedra , esta es mi conclusión.

Hoy faltan pocas horas para la Navidad y según pasan los minutos, siento que el corazón me palpita intensamente cada vez más. Me acuerdo de mis tiempos juntos a mis padres . Me acuerdo de cómo jugábamos y éramos felices en nuestra calle sin portón alguno. Me acuerdo de que en los dias previos a la Navidad sólo veíamos por la televisión cosas alusivas al amor por el prójimo, pero nunca todas estas noticias de crímenes, secuestros y robos que sacuden Lima.  Hace diecisiete años, parecía que hasta esos pocos delincuentes que habían, dejaban de cometer sus fechorías en todos estos días previos a la Navidad . Me  acuerdo que en ese tiempo, los niños recibían de regalo pistolas de juguete que disparaban “balines” de plástico y jugaban a la “guerrita” al día siguiente.
Hoy es distinto, un arma de fuego de verdad y no de juguete, lo tiene cualquier jovenzuelo de la ciudad y que lo utiliza junto a su grupo, para asaltar  por las noches y obtener dinero fácil. Estos jovenzuelos integran esas “pandillas” que ahora existen por todo lado y desde donde salen o se enjendran, los futuros hampones de alto vuelo.
Quiero seguir escribiendo pero tengo que terminar yá. Es de madrugada. Pero no puedo dejar de lado y referirme a la pobreza que se vé muchísimo más que antes por todos lados de mi distrito y en toda Lima.Y esos “centros comerciales” que hoy los gobernantes inauguran pomposamente diciendo de que el Perú crece economicamente y de que estamos ahorá sí por encima de Chile,  todo eso, es una especie de “maquillaje” de la ciudad. Es una especie de “mascarilla” para ocultar la pobreza que estos gobernantes no atendieron desde el principio. Por dentro, la realidad es otra. Por dentro, están esas miradas de esos niños mendigos que asoman sus escuálidos cuerpos frente a las vitrinas y escaparates en donde se exiben mil variadad de juguetes que nunca tendrán en sus manos. Por dentro están esas miradas hambrientas de esos niños mendigos y de los que viven en los cerros, quienes  nunca podrán comer un delicioso panetón o degustar un plato de carne de pavo horneado en medio de la alegría de un hogar como sí lo haremos muchísimos la próxima noche de Navidad. Este es mi Perú. Este es el rostro verdadero de mi pobre Perú que no era así cuando lo deje  hace muchísimos años. Por eso hoy no quiero ver esta navidad, y en la Noche Buena, estaré sólo pensando en que podríamos hacer nosotros en Japón  para que en nuestro Perú se termine con  esta pesadilla del desgobierno y la pobreza. Ayer pude llegar hasta las casas mas altas situadas en los cerros de esta Lima, gracias al trabajo de los hombres de prensa de la televisión peruana. Hoy , cuando sólo faltan horas para la Navidad,  quiero compartirlo con todo el mundo allá en Japón. Gracias. (Testimonio de Isaias Contreras, de visita en Lima,Perú.

Recopilación: Yván RAMIREZ RODRIGUEZ.

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